sábado, 17 de diciembre de 2016

NADAÍSMO O LA PROPIA VIDA COMO OBRA DE ARTE (III)

Yo soy un desordenado, un antimétodo, un anti-todo. Trabajo toda la noche porque nunca puedo dormir. Escribo, fumo, medito, hago infinidad de cartas, y cuando me siento estúpido me emborracho. Luego me acuesto a las 8 de la mañana y duermo hasta que despierto. He deseado vivir libremente como los pájaros. Me encanta no tener dinero, sufrir, y no tener que trabajar en una oficina. Por lo demás, soy el escritor que más trabaja en Colombia. En cierto sentido, soy un santo.
Gonzalo Arango[1]

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Portada del No. 1 de la revista Nadaísmo 70
Fuente: http://www.elprofetagonzaloarango.com/Nadaismo_70.1.html


Cuando aún era distinguible la línea que había guiado la vida y escritura de Gonzalo Arango, una última aventura nadaísta estaba por darse: la revista Nadaísmo 70, que dirigiría con Jaime Jaramillo Escobar. Fue, en mi opinión, el testamento del grupo. Y así como tuvo aciertos e innegables aportes al periodismo cultural y de opinión de aquellos años en Colombia, también incurrió en desplantes, como el del apoyo público a la precandidatura del conservador Belisario Betancur, que Gonzalo reafirmó con el editorial del número 2 de la revista (“Entre la espada y la oligarquía”) en el año electoral de 1970. Pero, más allá de estas y otras paradojas, a partir de este emprendimiento editorial crítico y alternativo en la prensa y las letras del país, Gonzalo logró unificar al grupo nadaísta, disperso desde los tempranos desencuentros entre el grupo de Medellín y el de Cali, atizado por su partida a Bogotá y su gradual inserción en el periodismo impreso que lo convertiría en habitual columnista de los medios de masas (asunto que en sus comienzos provocó la visceral reacción del grupo caleño). En fin. El hecho es que Gonzalo decidió unir fuerzas con quien había sido uno de sus principales contradictores de grupo, el poeta Jaime Jaramillo Escobar, el mismo que liderara aquel acto simbólico parricida de ocho años atrás en Cali, para poner en marcha el postergado proyecto de la revista.

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Fuente: http://www.elprofetagonzaloarango.com/Nadaismo_70.4.html

¿Qué era exactamente Nadaísmo 70? No es fácil decirlo. Pretendía ser, como se lee en su ficha del segundo número, una “revista americana de vanguardia”. Sin embargo, a lo largo de sus ocho ediciones logró plasmar sólo parcialmente lo que eran las vanguardias de entonces, artísticas e incluso políticas, principalmente debido a su discontinuidad y final prematuro: a Gonzalo, desafortunadamente, le faltaron las motivaciones necesarias para seguir al frente del proyecto; y a los demás nadaístas, romper la dependencia que aún parecían tener frente a su líder. Porque pese a la irregularidad de su aparición, la revista tuvo un impacto sociocultural en el país, muchos lectores, intercambio con intelectuales del exterior, apoyo de la empresa pública y privada. Era una publicación exitosa, de hecho, su octava edición contó con un tiraje de sesenta mil ejemplares,[2] algo inusual para una revista de sus características en un país como Colombia.

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Octavo y último número de la revista Nadaísmo 70
Fuente: http://www.elprofetagonzaloarango.com/Nadaismo_70.8.html

Pese al esfuerzo de sus directores y colaboradores, a sus notas literarias, a su crítica política, social y cultural, a sus reportajes incisivos y, ya en sus últimos números, a sus proyectos visuales (fotográficos y plásticos) la revista no parece encontrar su horizonte vanguardista y falla hasta en cosas elementales: nunca presenta un sumario, descuida a veces el diseño, la diagramación, la puntuación y no muestra una corrección de estilo. Con la decisión del “profeta” de no continuar haciendo la revista, el tan anunciado emprendimiento periodístico cultural del grupo queda así frustrado, hecho a medias. Lo que pudo haber sido un proyecto cultural de larga duración se diluye en poco tiempo y señala, como he dicho, el fin del grupo o el comienzo del fin. De acuerdo con Jaime Jaramillo Escobar, el número ocho de la revista no se vendió bien debido a que lo que iba a ser una primicia de la revista no lo fue por error del propio Gonzalo, que la reveló para hacerle propaganda a esa edición y con ello le permitió a otro periodista adelantarse en la publicación del relato.[3] Una vez más su ingenuidad, o exceso de confianza, obró en su contra. Y para él resultó un golpe tan bajo que decidió no continuar con la revista. Poco tiempo después hizo pública su renuncia al nadaísmo a través de una carta dirigida a Hernando Santos, jefe de redacción de El Tiempo. Había conocido a la inglesa Angela Mary Hickie, más conocida como Angelita, en la isla de Providencia. Se enamoraron y se fueron a vivir juntos. Sobre las mujeres, el matrimonio y la relación de pareja en general, en la mencionada entrevista con Lucy Nieto de Samper, Gonzalo había declarado:

[El matrimonio] es excelente para los que no tienen nada qué hacer con su vida. Es una institución muy moral, pero va contra la naturaleza. No me gusta en absoluto. No creo que tenga mucho corazón para soportar una mujer a mi lado doce horas de día y doce de noche. Esto requiere no sólo mucha paciencia sino mucho coraje. [...] Sinceramente me considero el peor “partido” para una mujer. Y algo muy terrible: soy un solitario. Las mujeres me agradan mucho por un rato, pero no para toda la vida. [...] A duras penas me soporto a mí mismo. Además soy psicópata.[4]
Angelita y Gonzalo Arango
Angela Mary Hickie ("Angelita") y Gonzalo Arango
Fuente: http://www.gonzaloarango.com/imagen/gonzalo-arango-24.html
Pero Gonzalo no sólo tuvo el coraje de vivir esos últimos años de su vida con la misma mujer sino de abandonar todo lo que había constituido su vida, empezando, claro, con el nadaísmo. Fue como un negarse a sí mismo que implicaba el sacrificio. “El encuentro salvífico se había producido en 1971. En este año, y como testimonio de su conversión, Gonzalo liquidó el nadaísmo. Para hacerlo no tuvo que convocar consistorio, pues todo lo que se hizo con ese nombre fue obra suya”,[5] dice Alberto Aguirre, refiriéndose al cambio de piel que supuso para Gonzalo la relación con Angelita. “Lo que se precisa aclarar es que esta evolución mística ya anidaba en Gonzalo, y la visitante inglesa operó sólo como detonante”,[6] explica. Era algo, por lo demás, que estaba en la atmósfera de aquellos años, en las búsquedas espirituales de miles de jóvenes que terminaron retornando a sus creencias primordiales. De repente Cristo se había puesto de moda entre ellos y hasta se había hecho un polémico musical que triunfaba en Broadway, Jesucristo Superstar, y muchas canciones pop hablaban de cuestiones místicas, como la exitosa My sweet lord, del ex Beatle George Harrison. “El milagro, a Gonzalo, se lo hizo Angelita [...] especie de hippy trasplantada, que a ratos pintaba florecitas y a ratos cantaba”,[7] añade Aguirre.

Por otra parte, el mismo Aguirre comenta lo lastimosos que fueron, en su opinión, los últimos años nadaístas de Gonzalo. Además del referido encuentro con el presidente Lleras Restrepo, por quien Gonzalo había expresado regocijo, afirma que “se había dedicado a la fabulación irresponsable y al calco impune”,[8] en relación con una serie de reportajes que publicó en la revista Contrapunto, de Bogotá, acerca de su experiencia en la cárcel La Ladera, con el título de Memorias de un presidiario nadaísta.

Estaba inventando y estaba falsificando, con total irresponsabilidad. Él mismo dijo que de modo deliberado alargó el cuento, pues le pagaban 500 pesos por artículo, suma que le permitía sobrevivir con su mujer. Es un cuento chino, lleno de pavores y agresiones y peligros en que habría incurrido en el patio tercero (era el cuarto, realmente) de La Ladera, donde metían a los delincuentes más peligrosos. Y la verdad, según lo supe por el propio director de la cárcel, es que había estado en el segundo, el de los castos, donde no le pasó nada y donde no tuvo riesgo alguno. Pero su relato parece muy veraz. Por esa época apareció un testimonio auténtico sobre la vida en esa cárcel, un pequeño libro con el título La Ladera, de un joven poeta maldito y renegado, Mauro Álvarez, que sí sufrió los rigores de esa prisión y de ese patio. Es la fuente de Gonzalo. Pero no lo menciona.[9]
Otro episodio que menciona Aguirre tiene que ver con una noticia que Gonzalo tradujo erróneamente cuando trabajaban juntos en la agencia France-Presse, “sobre una visita de la reina Juliana, de Holanda, a la reina Isabel, de Inglaterra, cuando puso a las reinas a ‘almorzar juntas en un hotel’. Algo que no trascendió, que ni siquiera conoció la oficina de Bogotá, y que los dos tomamos en broma. Aquí lo infla (estaba inflando la historia, por los 500 pesos semanales), para afirmar que yo lo había destituido por exigencia de París, pues se había armado ‘una crisis internacional’.[10]

Gonzalo Arango
Foto: Hernán Díaz (ca. 1966)
Fuente: 
http://proyectos.banrepcultural.org/hernan-diaz/es/el-mundo-como-una-pintura-en-rollo/gonzalo-arango

Así, con una obra literaria y periodística que dejó a medio camino, con una revista que, como su Primer Manifiesto, fue más lo que prometió que lo que en realidad llegó a hacer; con unas dudosas memorias que lo llevaron a la fabulación de sí mismo, acaso como parte de la construcción de su propio mito, traicionando de paso amistades y faltando a la ética de autor, Gonzalo decidió luego, aunque no lo asumiera de ese modo, traicionarse a sí mismo: ya no dejaría más ninguna “fe intacta, ni un ídolo en su sitio”,[11] claudicaría ante su misión de desacreditar el orden establecido, a la que había estado abocado durante los primeros años nadaístas, pero tampoco lo vería como una claudicación ni traición sino como una salvación. Porque en manos de Angelita creyó encontrar su verdad y el equilibrio, si es que alguna vez lo tuvo, que sentía perdidos. Pero, aparte de las motivaciones místicas que ahora tenía, ¿había asumido lo que Alberto Aguirre y otros consideran su fracaso como escritor?
Un breve repaso a cierta crítica en torno a su obra y a la de sus compañeros muestra que los nadaístas no lograron hacer la literatura que se esperaba: vanguardista, contundente, desafiante, renovadora, sólida y de pervivencia, salvo las excepciones que ya se han hecho en el campo de la poesía y la narrativa. Gonzalo terminó destacándose en el periodismo escrito y literario, pero él mismo decidió truncar su carrera como cronista, reportero y articulista. En torno a su narrativa y al teatro que intentó escribir, Juan Gustavo Cobo Borda manifiesta: “Sus cuentos, releídos hoy, resultan incómodos por su sentimentalismo e ingenuidad; muchas de sus prosas, cursis e hiperbólicas, anulan el furor de varios apartes, cargados de rabia. Y su teatro -Los ratones van al infierno, La consagración de la nada (1964)- mereció ya en el momento de su aparición críticas como la de Helena Araújo”,[12] indicando luego lo desfavorables que fueron esas críticas. Alberto Aguirre, por su lado, apunta:

Gonzalo se frustra como escritor en ese aspaviento del nadaísmo. Él es, sin duda, un gran escritor en potencia, una posibilidad, pero después lo cogió el torbellino de su propio movimiento. Que no es un movimiento tampoco. Es un grito. [...] Escribió unas obras de teatro que son pésimas, pues no tienen calidad teatral, mundo teatral. Hay unos textos bellísimos de ensayo o de crítica. Por ejemplo, “Medellín, a solas contigo” es una página detonante como crítica de esta sociedad, de esta ciudad. Las cartas de Gonzalo son bellísimas. [...] Y Gonzalo se dedica a escribir artículos, se vuelve periodista, hace reportajes, algunos muy bellos. Pero su tarea de escritor es muy pobre, realmente. Su obra es fragmentada, casi simples esbozos. Hubiera podido ser un ensayista crítico de la cultura, tal vez, un gran novelista.[13]
Un miembro del grupo nadaísta, Eduardo Escobar, comenta que el problema de Gonzalo como escritor es que fue muy disperso, lo cual impediría hacer una antología de sus poemas, de sus cuentos o de sus ensayos, no obstante haber escrito magníficos poemas, cuentos y ensayos.[14] Alberto Aguirre, en cambio, lo descalifica como poeta: “La poesía de Gonzalo es forzada y enteca”.[15] Pero coincide con muchos otros en reconocer su trabajo periodístico: “Sus reportajes y notas periodísticos tienen gracia y perspicacia. En crónicas de más fuste [...] reaparecen rastros de la vieja furia […] Pero no logra escapar del ripio”.[16]

Gráfica alusiva a  De la nada al Nadaismo.
Portada del libro De la Nada al Nadaísmo (1966)
Fuente: https://www.libreriaerrata.com/index.shtml?apc=e-xx-1-&x=1257

La dispersión literaria de Gonzalo, su potencialidad pero al mismo tiempo su inestabilidad como escritor, y el abrupto final de la revista Nadaísmo 70 tal vez se expliquen a partir de lo que el mismo Escobar dijera en otra oportunidad sobre la vida del “profeta”:

Los amigos de Gonzalo Arango fuimos testigos próximos y atónitos de las trágicas erosiones de sus entusiasmos, del recambio de piel de cada año. Inexplicablemente para nosotros, a veces una simple palabra recogida en el aire, la charla ocasional de un panadero, un verso o el encuentro con una mujer, lo revolcaba todo en él, y simplemente cambiaba de dirección y de vida. Cada día era una alucinación nueva, cada mañana una utopía, cada instante la entrada en una isla sagrada que tampoco existe. Ninguna dura, porque su ser era la búsqueda, el colmo de las ganas de inventarse.[17]
Sea como fuere, algo que no se le puede desconocer a él y, por extensión, a todos los nadaístas, es que esa obsesiva reinvención de sí mismo supone, por un lado, lo que Alberto Aguirre llama una “conciencia de escritor”,[18] que seres como Gonzalo tenían, más allá del fracaso literario que se les reproche; y, por encima de todo, una conciencia de vivir su vida como obra de arte, con todas las ambivalencias, frustraciones, angustias y gozos que una, ahí sí, constante búsqueda de lo bello conlleva. Gonzalo lo tenía claro y así lo dijo una vez, y lo vivió siempre, hablando de sí mismo en tercera persona: “Él ha hecho de su vida una obra de arte, única y eterna”.[19]

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Portada de Obra negra  
(3ª. ed., 2016, Fondo Editorial Universidad Eafit)
Su primera edición se publicó en 1974 en Buenos Aires
Fuente: http://www.eafit.edu.co/cultura-eafit/fondo-editorial/colecciones/Paginas/obra-negra.aspx

La víspera de su muerte, Gonzalo había hecho las paces con Amílcar Osorio, uno de sus discípulos nadaístas, de quien había estado distanciado por quince años. En esos momentos Gonzalo y Angelita estaban próximos a viajar a Inglaterra. Iba a ser su primera salida al exterior. Habían vivido una temporada en las islas colombianas de San Andrés y Providencia, muy lejos de la vida urbana que Gonzalo había tenido durante tanto tiempo. El libro Providencia (1972), ilustrado por su compañera, era un canto a esa vida que ambos compartían; pero, como literatura, tanto en éste como en su último libro publicado en vida, Fuego en el altar (1974), el resultado era deplorable: “Había reducido su lenguaje a una flácida copia del Saint Exupéry de El principito, en versión subdesarrollada y ya ineficaz del todo en el plano literario. Sermón y apólogo, su anterior virulencia había desaparecido, convertida en trillada fórmula de redención. Un sermón atómico, sí, pero perfectamente banal”,[20] afirma Juan Gustavo Cobo Borda.

El último tiempo Gonzalo y Angelita vivían en Villa de Leyva, hermosa población de la sierra colombiana, de estilo colonial y clima inmejorable. Hacia allá se dirigían el sábado 25 de septiembre de 1976, en un taxi que a la altura del poblado de Tocancipá chocó contra un camión. Angelita y el conductor sobrevivieron; Gonzalo, no. Al igual que Albert Camus, que había sido uno de sus escritores de referencia, Gonzalo perecía en un accidente automovilístico. Tenía 45 años, uno menos que Camus en el momento de su muerte. El escritor colombiano William Ospina dijo una vez de Gonzalo: “Como diría Chesterton, tal vez Gonzalo no sería un poeta, pero era sin duda un poema”.[21] Y como una manera de ponerle punto final al debate, Eduardo Escobar escribiría: “La obra de Gonzalo Arango pues, sería, primordialmente, él mismo. Y el nadaísmo, su espacio. Lo demás es literatura, como decíamos. No es poco: es ahora la única forma que tenemos de acceder al interior de esta persona”.[22]




[1] Gonzalo Arango, citado por Lucy Nieto de Samper, “Gonzalo Arango: una entrevista de Lucy Nieto de Samper”, en Reportajes, vol. 1, Medellín, Editorial Universidad de Antioquia, 1993, p. 15.
[2] Cfr. Jaime Jaramillo Escobar, en Habla la experiencia, programa de Teleantioquia, https://www.youtube.com/ watch?v=LAu2YA9YsAg (Consultado por última vez: 10/12/2016).
[3] En el mismo programa.
[4] Gonzalo Arango, citado por Lucy Nieto de Samper, op. cit., p. 14-16.
[5] Alberto Aguirre, en Gonzalo Arango, Cartas a Aguirre (1953 – 1965), edición y prólogo de Alberto Aguirre, Medellín, Fondo Editorial Universidad Eafit, 2006, p. 56.
[6] Ibíd., p. 56.
[7] Ibíd., p. 55.
[8] Ibíd., p. 51.
[9] Ibíd., p. 50-51.
[10] Ibíd., p. 51-52.
[11] Gonzalo Arango, “Primer Manifiesto Nadaísta”, en El Profeta Gonzalo Arango, http://www. elprofetagonzaloarango.com/Primer.html (Consultado: 06/10/2016).
[12] Juan Gustavo Cobo Borda, “El nadaísmo”, Historia portátil de la poesía colombiana: 1880-1995, en http://www.banrepcultural.org/node/23932 (Consultado por última vez: 09/12/2016).
[13] Alberto Aguirre, “Gonzalo Arango”, en gonzaloarango.com, http://www.gonzaloarango.com/vida/aguirre-alberto-1.html.
[14] Eduardo Escobar, en el programa televisivo Karakter Aguirre - (Capítulo 4) “Alberto Aguirre, Gonzalo Arango y el Nadaísmo”, Universidad de Medellín, en https://www.youtube.com/watch?v=A4jD_ OnNm KM (Consultado por última vez: 10/12/2016).
[15] Alberto Aguirre, en Gonzalo Arango, Cartas a Aguirre…, p. 48.  
[16] Ibíd., p. 48-49.
[17] Eduardo Escobar, citado por Santiago Castro Gómez, “El Nadaísmo como estética de la existencia”, Segunda Fase Encuentro Internacional Historia del Arte y Poder, Pensar la historia del arte desde el sur, en https://www.youtube.com/watch?v=5ZDHxVo2mAs (Consultado por última vez: 27/11/2016).
[18] Alberto Aguirre, “Gonzalo Arango”, op. cit.
[19] Gonzalo Arango, “Reportaje en onda corta. El personaje: Gonzalo Arango”, en Reportajes, vol. 1, Medellín, Editorial Universidad de Antioquia, 1993, p. 82.
[20] Juan Gustavo Cobo Borda, op. cit.
[21] William Ospina, “Invocación a Gonzalo Arango”, en gonzaloarango.com, http://www.gonzaloarango.com/ vida/ ospina-william-1.html (Consultado: 09/12/2016).
[22]Eduardo Escobar, “Acerca de la obra de Gonzalo Arango”, en gonzaloarango.com, http://
www. gonzaloarango.com/vida/escobar-eduardo-1.html. (Consultado por última vez: 17/12/2016).